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Acuarela guiada

Mont Saint Michel

Hoy vamos a pintar un motivo muy sugerente: un atardecer sobre el Mont Saint Michel en Normandía.

Os dejo en primer lugar la fotografía original a partir de la cual realizaremos la acuarela.

Desde el punto de vista de la composición, a primera vista hay demasiados elementos que atraen nuestra atención. Al tratarse de un atardecer tan avanzado, el propio cielo es ya un elemento interesante de la obra y seduce al espectador. Su reflejo intenso sobre los caminos serpenteantes de agua también atraen la vista. Y como no, el propio Mont Saint Michel, más aún en este caso con esas luces marcadas y los destellos sobre las fachadas.

Son demasiados puntos de interés y debemos reducirlos un poco, centrándonos en nuestro «Rey»: El Mont Saint Michel.

Para ello vamos a suavizar un poco la saturación del cielo y de sus reflejos. Seguirá siendo un motivo al atardecer pero menos intenso. Mantendremos los mismos colores (violetas y azules cálidos), pero reduciremos el Chroma y aumentaremos la luminosidad.

En cuanto a la luz ésta es cálida, como en todos los atardeceres, y entra en nuestro motivo desde un punto muy bajo a la izquierda del encuadre. Nos lo están marcando los edificios de la zona baja izquierda del monte. La vamos a mantener así.

DIBUJO

En el motivo que nos ocupa el dibujo no presenta gran dificultad más allá de las proporciones (ancho-alto) del Mont Saint Michel. Es el único punto que podría entrañar cierto peligro de desequilibrio si no tratamos bien las proporciones. Tomando correctamente las cotas de ancho y alto el resto es únicamente delinear el perfil, puesto que todo el interior de la «masa» del monte y las construcciones que hay en él las vamos a dibujar realmente con el pincel y no con el lápiz.

La posición de las dos vías de agua y las zonas de barro, hierba y tierra no son realmente relevantes en cuanto a dibujo. Lo único a respetar es que confluyan en el monte para ayudar así a atraer la atención del espectador hacia él.

CIELO

Como ya hemos comentado queremos mantener los colores del cielo, su atmósfera, pero hacerlo menos relevante reduciendo la intensidad del mismo. Para lograr esto vamos a pintar el cielo sobre húmedo, lo que va a provocar que los colores bajen de intensidad y aumenten de luminosidad por el agua que tiene el papel. 

Vamos a separar los violetas y los azules den dos fases.

Una vez mojado el papel comenzamos con un degradado vertical de los violetas. Colocamos el papel con una cierta inclinación, unos 20/30 grados. Nos creamos una mezcla de un violeta más bien frío y lo aplicamos horizontalmente de arriba hacia abajo, añadiendo agua según bajamos para conseguir un degradado suave, dejando la zona de mayor luz más próxima al horizonte.

Sin dejar secar el papel lo giramos 90 grados en sentido contrario a las agujas del reloj, dejando en la zona superior el límite derecho del papel, donde está el monte. Mantenemos la misma inclinación con lo que ahora los azules que le vamos a añadir se desplazarán por el efecto de la gravedad desde el lado derecho al lado izquierdo. Aplicamos una mezcla de azul oscuro, más bien intenso, dejando caer el pigmento en la parte superior y permitiendo a la humedad y la gravedad hacer su trabajo. Conforme el pigmento se va extendiendo volvemos a girar el papel para colocarlo en su posición original para que los azules también se desplacen hacia el horizonte.

Con esto ya tendríamos el cielo resuelto. Es importante mantener la máxima luminosidad en los alrededores de la zona del Mont Saint Michel, ya que será ahí donde vamos a generar el contraste de claros y oscuros entre su silueta y el cielo

LEJANÍA

La línea de colinas del fondo hay que pintarlas con mucha agua en la mezcla para que al secar los colores bajen de intensidad y aumente la sensación de profundidad.

Debemos dejar secar por completo el cielo y pintar las colinas sobre papel seco.

Recordar que nuestra luz entra por la izquierda por lo que a la mezcla de azules hay que añadir algo de calor en la zona izquierda y aumentar la sensación de frío en la derecha. Se aprecia en la foto como esas colinas lejanas son más rosadas en la zona de entrada de luz y más azuladas en la zona derecha.

Para rematarlas podemos levantar algo de pigmento con un pincel limpio y algo húmedo en ciertas zonas, siempre orientadas hacia la izquierda.

CAPA DE LUZ AL MONT SAINT MICHEL

Nuestro focal point, el Mont Saint Michel, lo vamos a trabajar por capas. En esta primera vamos a aplicar únicamente las luces, sin preocuparnos por las sombras o el volumen. 

Con una mezcla cálida, de tonos amarillos anaranjados por tratarse de la luz de un atardecer, pintamos por completo la silueta y el interior del monte. En capas posteriores iremos aplicando sombras y oscuros, que aportarán volumen.

Es interesante si podéis reservar una pequeña ventana de luz en la torre del campanario superior.

La pequeña colina que hay tras el monte se resuelve fácilmente con una línea de cálidos, sienas, en su zona inferior y verdes agrisados en la superior. Recordemos que está más alejado que el monte pero más cercano que las colinas del fondo.

EL COLOR DE LAS SOMBRAS

En este paso los tiempos son importantes. 

Antes de que seque por completo la capa de luz que hemos aplicado al Mont Saint Michel comenzamos a dar color a las sombras. La idea es que aún conserve algo de humedad el papel para que difumine los bordes de los colores que vamos añadir y los funda con los amarillos. Sin embargo, no queremos aplicar color demasiado pronto ya que una humedad excesiva movería esos colores libremente y no permitiría depositarlos en zonas concretas. 

Es decir, queremos bordes suaves pero poder decidir nosotros donde se queda el color. La famosa línea roja, como al pintar el movimiento del agua o las nubes.

Aplicamos cálidos más rojizos, sienas tostados, en tejados y zonas de tierra. Incrementamos las zonas de sombra con azules muy poco saturados (para que no verdeen con los amarillos previos) y algún tierra muy oscuro como el Sepia, el Sombra Tostado o quizás violetas oscuros como Moonglow.

El objetivo es preservar la luz en las zonas que nos interesa y oscurecer sin bordes y de manera suave las zonas en sombra.

VEGETACIÓN Y BARRO

Comenzamos a aplicar color en primer plano. Tenemos varias zonas diferentes: tierra, hierba y barro (dentro de este último incluso con distintos niveles de humedad). No nos vamos a complicar demasiado ya que la prioridad no es reflejar de forma exacta el motivo, sino crear un marco apropiado para nuestro foco de atención.

La hierba la pintamos con verdes cálidos, en dos fases: primero los verdes y sobre estos algún color tierra que se funda con ellos.

Para el barro utilizamos una técnica muy similar: primero grises claros cálidos y sobre estos grises oscuros más fríos. Esto nos da el contraste de temperatura y de luz que buscamos. En ambos casos utilizamos técnica de pincel seco para simular zonas de agua entre el barro.

El dique central está fabricado por el hombre y es una mezcla de piedras, tierra y algo de cemento. Grises neutros en su zona superior, donde da la luz, y valores más oscuros a la izquierda. Según se acerca a a nosotros añadimos colores tierras pálidos (arena) y algo de vegetación, pero siempre muy difuso, sin detalle.

 

MASAS EN PRIMER PLANO

Hay dos zonas de terreno en primer plano que debemos mantener por razones de encuadre y composición. No obstante no tienen ningún otro tipo de interés para nosotros, por lo que el nivel de detalle aquí debe ser mínimo.

A la izquierda, grises fríos para el barro en la zona inferior y algo de hierba cálida en la superior. Sin más.

A la derecha, como recibe luz directa del atardecer y es tierra, sienas tostados y naranjas para aportar temperatura y contraste con los fríos de la izquierda.

REFLEJOS EN LOS CANALES

Llegó el momento de ponernos con el agua de los canales. Básicamente su color es el del propio cielo, debido al reflejo de éste. No obstante, como no queremos que llamen demasiado la atención, vamos a bajar su intensidad como hicimos en el cielo. Además, vamos a incluir también los reflejos del Mont Saint Michel aunque no aparezcan en nuestra fotografía original. Lo hacemos así  para potenciar aún más su estatus de centro de atención.

Con las mismas mezclas del cielo pero aplicando el degradado en sentido inverso, es decir, de abajo hacia arriba, damos la primera capa de color con violetas en la zona izquierda y más azules en la derecha. Dejamos las máximas luces arriba, según nos acercamos al horizonte. Mientras aún hay algo de humedad en el papel aplicamos los cálidos a los reflejos del monte. Intercalamos también algunos verdes poco saturados para indicar los reflejos de la vegetación.

Finalmente levantamos algo de pigmento con un pincel limpio para recuperar algunas luces sobre los reflejos.

MÁXIMOS OSCUROS Y ÚLTIMOS DETALLES

Vamos con los toques finales.

Aplicamos una segunda capa de color a los canales incrementando un poco el valor de éstos, que estaban demasiado luminosos y aportando algo más de color.

También volvemos a incidir sobre los reflejos del monte, ahora ya en seco, no en húmedo. Unos toques de cálidos para el reflejo de las luces e incrementamos los oscuros.

Pero el principal trabajo lo tenemos en nuestro foco de atención. Es el momento de aplicar los máximos oscuros, sobre seco. Vamos creando el volumen, los contornos, de cada una de las construcciones que hay en el Mont Saint Michel. Cuanto más alejado de la luz, mayor predominancia de los oscuros. Importante prestar atención al trabajo sobre las columnas de la basílica con trazos verticales que simulen los puntos de luz ascendente.

Como pasos finales vamos a incrementar los destellos sobre las torres de la muralla y las fachadas que miran directamente hacia la izquierda con un semi-opaco. En esta ocasión yo utilicé Amarillo Brillante 1 de Holbein, pero podéis utilizar también blanco con algún toque de amarillo o naranja.

Algunas gaviotas en el cielo para aportar algo de vida… ¡Y listo! ¡Acuarela terminada!